prosa deforme

Monstruo bloguero

Todos tenemos un monstruo. La mayoría de los que conocemos han surgido de las palabras, de lo que éstas crean y destruyen al ser pronunciadas, trazadas o incluso calladas. Las huellas de los monstruos salen de las páginas y de los filmes para empezar a ser parte del mundo que muchos llaman “realidad”. Pero para ellos, los monstruos, éste es sólo uno de los varios mundos que pueden invadir con sus pisadas gigantes.
Yo no soy afecta a separar los mundos en realidad y ficción, me parece que todo es más complejo que eso. Tampoco creo que la realidad supere la ficción o viceversa. Lo que sí creo es que aquel que “lee para evadir el mundo” no ha explorado más allá de las posibilidades tradicionales: ¿para qué evadir mundos cuando puedes reconstruirlos?
Vale la pena recordar que los monstruos no son sólo esos seres de mil ojos, con garras y colores brillantes u oscuros que comen tripas. A veces los monstruos no se ven, son invisibles al ojo humano. A veces son microscópicos. A veces se esconden y toman la forma de las cosas más comunes. A veces los monstruos más temibles usan trajes costosos. A veces somos nuestro propio monstruo.
Despierto este monstruo bloguero, que será feo como él solo. Es un monstruo que no promete nada, pero que está dispuesto a que lo disfrute todo el que comparta cierto gusto por lo fantástico, por el terror y por la lengua misma.

Que estas palabras se coman las entrañas de sus ideas como pequeños colmillos que esculpen el hueso y obtienen de él el manjar más sublime.