Reseñas de libros

Macanudo 1, de Liniers

Macanudo
Macanudo 1
Liniers
México: Sexto Piso, 2012.
96 pp.

Éste es el primer número de una serie de recopilaciones de tiras cómicas macanudas de Liniers, publicadas originalmente en el periódico La Nación, de Argentina. Todo lo incluido está lleno de color, de personajes adorables y situaciones de lo más interesantes: pueden ir del chiste más tonto a la reflexión existencial más profunda; o incluso las dos cosas al mismo tiempo.

Liniers dibuja personajes, y sus personajes son macanudos. Y los dibuja tan bien que son todos lindos, hasta los feos son tan perfectamente feos que son bellos. Solitarios, con una inocencia pop a veces algo perversa, se mueven con elegancia entre la tristeza y el asombro, como actores anónimos de pequeñas películas artesanales de clase B.

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Cuando era niña, me encantaba leer la sección de caricaturas; después me desacostumbré, porque en la Universidad te separan mucho de la literatura pop, la que sí llega a todos; los alumnos son más pedantes que los propios profesores. Pero al salir de tu burbuja única y especial académica, te das cuenta de que los libros abarcan demasiado y el arte tiene diversas formas; por ejemplo, las tiras cómicas, y Liniers demuestra lo precioso que llega a ser este universo narrativo.

Macanudo refleja cómo los pequeños detalles pueden ser grandes historias con el tratamiento adecuado, cómo cosas cotidianas de repente son dignas de ilustrarse. Pero cabe preguntarse qué significa esa cotidianidad cuando eres una caricatura. Liniers nos da la respuesta, pues sus personajes están constantemente pensando y preocupándose por su existencia, por el valor de un nuevo día y la importancia de las nimiedades que los rodean, por su razón de vivir o por el simple hecho de estar parados frente a nosotros sin saber qué decir para sonar graciosos.

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Estos pensamientos se extienden y llegan a relacionarse con el uso de la metaficción, con la cual Liniers no sólo le recuerda al lector cómo se hacen los cómics, o cómo quiere que creamos que se hacen; sino que también la utiliza para jugar con sus propias creaciones (sus personajes, sus bebés) y hacerles ver que aunque no son “reales”, existen y pueden hacer cosas: porque está claro que aunque seas un pedazo de papel lleno de acuarelas y letras, puedes sacudir el mundo.

Existe entonces una estructura narrativa que remarca el estrecho vínculo entre la presentación del dibujo y las palabras; y a través de ésta, a Liniers le encanta mostrarnos además muchas divertidas ironías.

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He de confesar que a algunas tiras no terminé de entenderles. Pero leí Macanudo en un rato de espera y, después de haberme encontrado con la oscuridad de Lenore, me encariñé especialmente con los pingüinos y el gato Fellini (aunque todos tienen mucho que dar) y disfruté el humor blanco y genuino de esta sinfonía de trazos trascendentes, cuya naturaleza se refuerza en los tonos pasteles de varias viñetas, que te hacen viajar de una sonrisa ñoña a un momento de reflexión sobre tu vida misma; de un momento a otro, el lector es capaz de decir “ese soy yo”: se convierte en una caricatura de Liniers. Definitivamente, quiero seguirle la pista a este artista argentino.

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¿Dónde lo encuentro?

 Sitio de Liniers (tiras, información, personajes… H-E-R-M-O-S-O )
 Biblioteca Vasconcelos: 741.5982L56
 Amazon
 Book Depository
Sitio web de Sexto Piso

Reseñas de libros

Lenore: Jugarretas, de Roman Dirge

Lenore Jugarretas
Lenore: Jugarretas (Lenore, #2)
Roman Dirge
Barcelona: Norma, 2011.
112 pp.

Lenore es una niña que tiene amigos, vive aventuras, se enferma, se divierte y… está muerta. Los personajes con los que convive y las historias que Roman Dirge ilustra son de lo más retorcidas. Aunque el hecho de que Lenore esté muerta ya dice mucho, esa es la menor de las piruetas en estos cómics. La personalidad de esta protagonista es algo inquietante, pues combina la inocencia de la infancia con lo macabro de la oscuridad; es entonces la representación de diversas dualidades.

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Lenore: Jugarretas, de Roman Dirge

Por eso, no pude evitar acordarme de los Happy Tree Friends, esos animalitos tiernos iluminados con colores pastel que de una u otra forma siempre terminan destazados en medio de una serie de eventos muy desafortunados que dejan al espectador pensando si sí reírse o llorar por el conejito que se acaba de electrocutar. Así son las historias de Lenore, aunque mejores: llenas de sombra chispeante.

Obviamente, en medio de tantas circunstancias sórdidas, uno puede dudar de su salud mental por reírse de algunas cosas, o tal vez le llega el punto en el que prefiera dejar el libro. En mi experiencia, al llegar a “Gatito núm. 35”, terminé por preguntarme qué rayos pasa con los que reseñan a Lenore con oraciones como “esperaba algo más retorcido”. Pues ¿qué ratas querían? Casi suelto un spoiler :3

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“Bienvenidos seáis por la alegría que me dais cuando os vais”.

A pesar de lo horrible que pueda sonar, Lenore tiene un encanto difícil de ignorar. Sus trazos son muy simples y feos, pero kinda cute y Dirge ha de confiar en ello, porque incluye páginas de dibujos que serían buenos tatuajes, según él (la verdad yo no me los tatuaría, pero bueno).

Es obvio que éste no es un libro para gente que se perturba fácilmente, o que busca la máxima verdad en todo lo que lee. Es más un libro para juguetear con el humor negro: el del dolor, la muerte y el doble sentido. Pareciera un cuento infantil (aunque no lo es) salpicado con rimas y calaveritas, donde la oscuridad se vuelve colorida, muy al estilo de un Día de Muertos.

Un día insólito a las 6 de la mañana
reinó el silencio al nacer una criatura extraña.
Un bebé tristón y feo para todo el que lo mirara.
Nadie lo cogía en brazos,
no tenía piel en la cara.

Como se habrán dado cuenta, no inicié por el número uno, Lenore: Collejas, porque no tenía ni idea de que había toda una serie del personaje, sino hasta que Goodreads me lo dijo. Por lo tanto, desconozco qué tantas diferencias o similitudes haya entre los dos libros o si hubo algún desarrollo o continuación. Lo que he escrito se basa en mi experiencia con Jugarretas. Sin embargo, me da curiosidad encontrarme con las demás vivencias de Lenore, la niña muerta.

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¿Dónde lo encuentro?

Biblioteca Vasconcelos: 741.5973D47b
 Sitio web de Editorial Norma
Amazon

Reseñas de libros

No soy Alicia, de Magdalena Okhuysen

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No soy Alicia
Magdalena Okhuysen Casal
Corina Ramírez (ilustradora)
México, 2015: Texere; CONACULTA

Alicia es una chica que vive en un teatro o en un circo, no lo sé; pero tiene constantes viajes sin viajar, pues sus sueños y su imaginación llevan al lector a mundos cambiantes a través de siete cuentos imposibles de etiquetar.

No soy Alicia me recordó más de lo que pensé a la Alicia de Lewis Carroll, y probablemente de ahí provenga su título, en que a pesar de las similitudes, la Alicia de este libro se quiere configurar a sí misma a partir de sus propias vivencias y de las imágenes que van construyendo este texto; porque sí, este libro es muy visual en el sentido de que las palabras van formando colores, figuras, espacios de la nada. Hay base sensorial más que narrativa. En un momento hay gatos, de repente son peces, pero luego no sé qué hay… todo es muy vertiginoso y mi procesamiento se compara con el de una computadora del siglo pasado, porque no alcanzo a entender qué está pasando.

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© Ilustración de Corina Ramírez

Supongo que abrir este libro y sumergirte en estos cuentos es como estar caminando a tientas en un estado onírico; como cuando sueñas que estas en tu casa, pero en realidad no es tu casa y súbitamente es un lugar diferente. Mientras estás soñando, todo tiene sentido, tu mente es capaz de darle forma a todo. Sin embargo, cuando despiertas y recuerdas lo que soñaste, crees que te metiste todo el peyote del mundo; depende de tu ánimo querer descubrir significados en ello o sólo dejarlo ser. Algo así sentí con este libro, y dependerá del ánimo de cada lector para querer desmenuzar el simbolismo del recorrido o para dejarlo como una vivencia extraña y única.

En lo personal, disfruté mucho “Las serpientes y las patas de los flamingos”, un cuento muy corto, al igual que los otros seis de esta obra. Aquí, a mí me dio por reconocer la inspiración del uróboros, aquella gran serpiente que se come la cola constantemente y que representa lo cíclico y la continuidad de la vida; aunque las serpientes de este cuento no se engullen a sí mismas, sí dan vueltas sobre las piernas de los flamingos en un espectáculo visual que no sólo sorprende a Alicia y al lector, sino a las serpientes, quienes se reconocen a ellas mismas en sus compañeras de especie. Cabe mencionar cómo nuestra protagonista se va consolidando como la creadora de este universo:

Nadie había visto ese espectáculo hasta que tú dormiste, después de conocer la historia. No despiertes, Alicia, todavía no despiertes.

Por otra parte, hay que decir que la edición es muy hermosa, desde la pasta dura hasta los acabados en rojo y vino de las guardas y el texto; así como las ilustraciones de Corina Ramírez que reflejan la naturaleza etérea de los personajes y sus experiencias. Ver sus trazos es como ver a través de ellos, como si no estuvieran aun estando.

A pesar de todo lo bello, tengo el mismo problema que tuve precisamente con la Alicia de Carroll; su estado caótico y la poca oportunidad de que cualquiera de los personajes se desarrolle hacen que el libro no termine de atrapar mi atención. No obstante, creo que es una obra que los exploradores de los caminos inasibles de las palabras querrán experimentar.

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¿Dónde lo encuentro?

Sitio web de Texere Editores.
♣ Biblioteca Vasconcelos.
♣ Educal.